El teatro es tan antiguo como las personas, porque somos seres con la habilidad y el deseo de gesticular, produciendo ademanes, voces, actitudes... debido a la necesidad y al afán de comunicarnos. Cuando los niños juegan a juegos de simulación, juegos de roles, de imitación a la vida, al « como si... » y cuando los adultos nos disfrazamos, bailamos en fiestas, en rituales, etc. nos acercamos a la esencia del teatro. Los bailes de las sociedades primitivas y el espectáculo de las ceremonias religiosas también se aproximan a la naturaleza teatral.La simulación, desde tiempos antiguos, ha sido necesidad práctica: los habitantes de las cavernas, artistas mágicos, cazadores, atraían a las presas con la imagen de una imitación que las sedujese. Se disfrazaban de las fieras que buscaban, se revestían con sus pieles, fingían sus movimientos y bramidos. He aquí los primeros gérmenes de teatralidad. En la protohistoria, los demonios del bosque y los espíritus naturales, eran imitados por el hechicero y se imponía de este modo a los « espectadores » o fieles de la tribu. Utilizaba danzas, música, máscaras en ritos con los que esperaba atraer las lluvias y aumentar las cosechas. El chamán es considerado por algunos teóricos como el primer actor, especie de mago, sacerdote y hechicero, cuya influencia en la colectividad era enorme. Los chamanes contaban con un programa de preparación que recuerda al de los actores, aprendían prestidigitación y pantomima para realizar trucos, fingir desmayos, crisis nerviosas que convencieran a los demás de su proximidad con la divinidad. Las personas utilizamos nuestro cuerpo para comunicarnos antes que cualquier utensilio, por ello la dramatización precede a otras formas de expresión. El teatro es una forma de arte en su dimensión más humana, ya que la materia es la gente y su esencia, el conflicto.Nos pintamos la cara y el cuerpo, inventamos el disfraz y la máscara, practicamos el gesto para las ceremonias mágicas; luego descubrimos la danza, el canto y el poema para las plegarias religiosas. La liturgia nos dirige a establecer el diálogo, la acción y el decorado.
"Actuar no es imitar la realidad, sino, volver a vivirla".

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